El desierto de Sunya es fértil

Debía esta crítica escrita a The Dear Hunter, una de las pocas formaciones en el rock progresivo moderno que poseen una visión narrativa ambiciosa y una versatilidad sonora infinita.
La banda, fundada en Providence (Rhode Island) en 2005 por el multiinstrumentista y compositor Casey Crescenzo tras su salida de The Receiving End of Sirens (una formación hardcore), nació como un proyecto de estudio personal para dar salida a composiciones de carácter conceptual y orquestal. Con el paso de dos décadas, se ha consolidado como un colectivo dinámico donde el rock progresivo, el pop elaborado de inspiración Beatle/ELO, el funk, la música de cine y el teatro musical convergen sin costuras. Yo los conocí tarde, cuando «los cinco actos», de los que hablaremos un poco más adelante, ya eran una realidad y todos los rumores apuntaban a un sexto y último capítulo que nunca llegó, hoy diría que por suerte.

Sin embargo, Mr. Crescenzo nos tenía guardada una sorpresa. Recordemos que también cuenta en su discografía con un álbum independiente (Migrant) y una serie de nueve EPs llamados The Color Spectrum, que transitan cada uno por una tonalidad de los colores del arco iris, el blanco y el negro. Si estás pensando que hay que ser un genio creativo para escribir semejante «fumada», imagínate tocarlos en directo todos seguidos. Pues eso.

Como decía, había una sorpresa: ni sexto acto ni un disco nuevo, sino una nueva línea argumental a desarrollar en varios discos. Y no solo discos, pero me estoy adelantando.

Actualmente, la formación oficial del grupo está encabezada por el propio Casey Crescenzo (voz principal, guitarras, teclados), acompañado por Nick Crescenzo (batería, percusiones, coros), Nick Sollecito (bajo, sintetizadores), Rob Parr (guitarra eléctrica, sintetizadores, coros) y Max Tousseau (guitarra, sintetizadores, coros), con el apoyo de Aiden Early (percusiones adicionales, coros).

Coros y coros y coros y más coros. Si eso no te da una buena pista de lo que vas a encontrarte…

Fotografía de The Dear Hunter

El legado de The Acts: una tragedia en cinco partes

Para comprender el alcance conceptual de la banda es imprescindible repasar su ciclo fundacional: The Acts. Compuesto por cinco álbumes editados entre 2006 y 2016 (Act I al Act V), este macroproyecto relata la trágica vida de un personaje conocido simplemente como The Dear Hunter.

La narración abarca desde su nacimiento a finales del siglo XIX como hijo de una prostituta (Ms. Terri), su despertar emocional y desamor con Ms. Leading, su participación en los frentes de la Primera Guerra Mundial, la suplantación de la identidad de su hermano fallecido (Edward) y su posterior regreso a la ciudad para convertirse en una figura política corrupta bajo el chantaje de The Pimp and The Priest. Una epopeya dramática donde la música refleja el crecimiento, la corrupción y el inevitable sacrificio del protagonista.

No quiero profundizar mucho más en los actos, porque no son el objeto de este artículo, como sí es la etapa actual.

La era sci-fi: el proyecto The Indigo Child

Tras dar por concluida la saga histórica de los actos, Casey Crescenzo volcó su creatividad en un universo de ciencia ficción totalmente nuevo y multimedia: The Indigo Child.

Este ambicioso ecosistema conceptual se compone de varios trabajos interconectados:

  1. El cortometraje The Indigo Child (2021) y la banda sonora del mismo. La nueva creación debutó con un cortometraje de ciencia ficción escrito y dirigido por el propio Casey Crescenzo, acompañado por un EP/BSO homónimo de ocho pistas (The Indigo Child). Este trabajo sentó las bases estéticas de la saga combinando instrumentación orquestal, una mayor presencia de los arreglos sintetizados y predominancia de la electrónica en sus paisajes sonoros.
  • El álbum Antimai (2022). Se trató del primer disco completo de la nueva saga. Funciona como una especie de mapa o guía sociopolítica de Antimai, la última ciudad amurallada de la Tierra, estructurada en ocho anillos concéntricos rígidos. Las canciones recorren desde la miseria extrema del anillo exterior (‘Ring 8 – Poverty‘) hasta la élite gobernante del centro (‘Ring 1 – Tower‘), con una sonoridad dominada por el funk progresivo, metales vibrantes y ritmos sincopados. Es un disco monumental.
  • El nuevo capítulo: Sunya (2026): esta es la continuación directa de este arco narrativo fuera de las fronteras urbanas y el objeto de este texto.

Análisis de Sunya: el sonido del desierto de cristal

Fotografía de Sunya, obra de The Dear Hunter

En Sunya, la banda trasciende los muros de Antimai para adentrarse en los vastos páramos desérticos que rodean la metrópoli.

‘Wasteland’ abre el disco con un riff de sintes que se va completando con un ritmo que podríamos definir de «tropical», muy en esta nueva etapa de la banda. Cuando entra la voz, ya estamos en el mundo mágico de Casey Crescenzo, una de las mejores voces que he escuchado en mi vida. La canción sube, baja, alternando pasajes más animados con otros más reflexivos en falsete. Es una mágica canción de más de siete minutos con multitud de cambios.

Continúa este trabajo con ‘Marauders’, quizás el tema más en la onda clásica de TDH. Me flipan los arreglos de guitarra de este tema, un claro exponente del nivel de estos músicos. Es una canción rápida en la que Casey llega a romper la voz por primera vez, algo que le caracteriza: la capacidad de ser melódico a la vez que intenso. Es un tema corto y sin concesiones, más elaborado de lo que podría parecer.

Llegamos a ‘Bazaareteria’, de vuelta en lo sonoro al nuevo universo musical. Es uno de mis temas favoritos. Incorpora instrumentos con sutiles arreglos cuando aparece la voz, inicialmente soportada por un drum & bass, pero que, al crecer en complejidad, nos transporta a texturas etéreas, mágicas. Los arreglos vocales son casi de películas de los años sesenta.

La mini suite ‘The Glass Desert (I – Giants, II – Cliffs and Stormlands, III – The Plains’) continúa y expande lo que empezó en el disco anterior. Es un disco en imágenes o, quizás, son imágenes hechas música. Tu imaginación puede vagar libre por ese universo, siempre que consigas conectarte con los sonidos plagados de sintes, bronces y melodías maravillosas, nacidas de la mente privilegiada de uno de los grandes genios melódicos del siglo XXI, como antaño lo fueron McCartney o Lynne y, como en las bandas de esos dos mastodontes, la producción es perfecta y el uso de los instrumentos tanto en el armazón sonoro como en los pequeños arreglos es fino y preciso, casi quirúrgico. Esa canción en tres actos (vaya, lo he dicho) representa la pureza musical de The Dear Hunter y nos ofrece absolutamente todo lo que es la banda condensado en dieciocho minutos de éxtasis.

El disco acaba con la canción que lo titula, ‘Sunya’, que representa la llegada a ese lugar que funciona como una «tierra prometida» del universo de la Chica Índigo (The Indigo Child), una figura mesiánica en contraposición a la maldad representada por Antimai, la ciudad de los ocho anillos.

Líricamente, Sunya aborda la supervivencia, la desilusión con las estructuras sociales dogmáticas y la búsqueda de significado en medio del vacío. Musicalmente, The Dear Hunter logran equilibrar el groove bailable con la complejidad del rock progresivo, haciendo de Sunya una pieza fundamental en la ciencia ficción musical contemporánea. Porque, a día de hoy, eso es lo que constituyen estos señores.

Nota: 9/10

Redacción: Álvaro Fernández

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