Banda: Floating Nest

Disco: Blow Off Steam

Fecha de lanzamiento: 6 de marzo de 2026

Nacionalidad: internacional

Discográfica: Astronomy Recording Music

Review por Álvaro Fernández


En ocasiones te topas con obras de arte que te descolocan, que redefinen lo que pensabas hasta ese momento. No pretendo ser el típico «gafapasta», los que me conocen ya lo saben, así que haré lo posible por dar unas referencias conocidas para ilustrar mi argumento: me ocurrió en el mundo de la literatura cuando me topé con El Nombre de la Rosa, que para mí es la mejor novela que he leído en mi vida. Podría nombrar en pintura lo mucho que me gustan los cuadros de Antonio García Villarán y su uso del color. Y si hablamos de música, han sido muchas las bandas que me han sorprendido, pero pocas han conseguido en los últimos tiempos dejarme con la sensación de no haber entendido nada en una primera escucha y, al mismo tiempo, de saber que me encuentro ante algo distinto; nombraré a Karnivool, por poner un ejemplo.

Hoy me enfrento a una reseña muy complicada de redactar, porque este Blow Off Steam de la banda principalmente española, aunque asentada en Suecia, Floating Nest es un ejemplo de todo lo que he comentado en el párrafo anterior: es algo que no has oído nunca.

Abusar de los adjetivos es uno de los pecados más clásicos cuando uno empieza a escribir, pero os ruego que me permitáis la licencia: me resulta de todo punto imposible explicar este disco sin ellos. Voy a empezar por la portada. Es una maravilla por su exageración. Este rostro sin piel que estarás contemplando ahora en pantalla con su paleta rojiza, a excepción del ojo abierto turquesa, está girado hacia el observador de manera inquietante. Mis conocimientos de artes gráficas me impiden discernir si está generado por IA en alguna de sus fases. Da igual, es brutal en sí mismo. Lo primero que se me vino a la cabeza fue el arte del Lateralus de Tool, seguro que veis la similitud de concepto.

Confieso que mi primer pensamiento fue por ahí: «ay, espero que no sean otros imitadores de Maynard y compañía», no son los norteamericanos una de mis bandas favoritas. Con ellos tengo un serio problema: al tercer tema, ya me he cansado. Me gustan todas las canciones, me gustan siempre que las escucho, me cansan muy deprisa. No los disfruto demasiado, vaya. Pero no. Un enorme NO. Floating Nest presentan las mismas influencias de Tool que de Bon Jovi: ninguna. Antes de empezar con el disco, hablemos de la banda. En su web nos cuentan que nacieron en una pequeña población sueca, aunque originalmente formada por miembros españoles. La formación actual es la que sigue:

  • Sara Gaspar: vocalista, teclista y compositora.
  • Víctor Conde: batería y compositor.
  • Mattias Rauch: bajista.
  • Quique Villalba: guitarras.

Los dos primeros son miembros fundadores de la banda, siendo Mattias el único no español del equipo, ya que es alemán. Me ha resultado precioso cómo la banda ubica en un plano de igualdad en la web oficial (https://floatingnest.band/) a otros miembros del equipo, como Ricardo Boya (arreglos y producción), Raúl Nácher (mezcla e ingeniero de sonido), Alan Conde Gaspar (redes sociales y arte) y Eddie Kvammen (definido con intriga como «maestro de ceremonias»): eso es dar crédito a quien lo merece.

Quiero volver un poco al arte del disco. Hace pocos días que compré el CD y aún no lo he recibido, pero diría que en la web se puede apreciar cómo cada uno de los siete temas del disco tiene su propio arte, que acompaña a los textos. Eso me encanta, ya que es una muestra de haber tratado con cariño cada detalle de la producción, cosa que valoro muchísimo y a la que dediqué mucho tiempo en mis años de músico. Sea como sea, es un excelente trabajo gráfico.

Llega el momento que me aterroriza desde el principio: describir su música. Empecemos diciendo que no dan tregua y que están orientados hacia el territorio del metal progresivo, pero nada que ver con las bandas tradicionales que se nos vienen a la cabeza. Si acaso, se podría encontrar algún paralelismo con algunos trabajos de Between The Buried And Me, pero más por el riesgo asumido que por criterios formales; también me han evocado ciertos momentos a nuestros adorados Noah Histeria pero, de nuevo, por tener en común la originalidad de la propuesta. Esta gente no se deja nada en el tintero, te atacan con toda la artillería, gastan todas sus municiones, acaban la canción, recargan y te vuelven a apabullar a base de originalidad.

Me cuesta muchísimo destacar nada, porque todo está soberbio. Como soy guitarrista (o diría ya «exguitarrista»), voy a empezar por ahí. En mi modesta opinión, el trabajo de las guitarras en una banda moderna tiene que ser muy distinto al que solía ser en el género: no se trata de destacar, sino de aportar el componente melódico justo, los riffs poderosos con el sonido ideal y no abusar de los solos. Check.

Las bases rítmicas y las estructuras que los buenos temas metal-prog requieren para resultar interesantes han de ser, en mi opinión, variadas, imprevisibles y ambos instrumentos (bajo y batería) tienen que ir ensamblados como uno solo, dándose aire el uno al otro. Check.

Los teclados que más me enamoran son aquellos que crean el ambiente adecuado. Sí, me flipan los teclistas virtuosos, claro, pero empatizo más con los primeros; además, entiendo por las imágenes que he encontrado (sigo buscando algún vídeo de un concierto) que en directo Sara se centra en las partes vocales, aunque algunos pasajes de teclados del disco prometen ser un espectáculo en vivo. Check.

Y llego a las voces. Qué difícil es encontrar en España un buen vocalista de metal o progresivo; no digo que no los haya, pero son raras avis y suelen escribir melodías insultantemente vulgares. Ahora imagina, querido lector, que al frente está una mujer —lamentablemente aún una minoría en estas lides—. Rompiendo esquemas, sus melodías huyen de las progresiones de acordes gastadas por el uso, ejecutadas con un poder y una maestría insultantes. Check, check, check. Puedo imaginarme a Sara en directo arrasando al espectador, dándolo todo y haciéndote sentir que estás contemplando algo único, es lo que transmite en las grabaciones. Quiero pensar que será un poco como Monika Roscher, que es un torbellino de personalidad en escena. Es una pena, porque los únicos conciertos que he visto en la web son de 2025 y de primeros de 2026 en Suecia… Quizás algún día podré comprobar si mi impresión es acertada. Ojalá.

Vamos a lo que más temía, el disco en sí mismo. Arranca con Re-Connection’, un tema de siete minutos de duración que empieza engañándote. El primer minuto parece casi neoprogresivo, pero nada más lejos de la realidad. Tras esa introducción, la producción va haciéndose más y más densa a base de sumar arreglos hasta que muta en un mantra pasional con escalas exóticas y, más tarde, en cambios de signatura; pasa por tantísimas fases, que puedes llegar a pensar que es una canción muchísimo más larga de lo que es, dada su complejidad. Aquí tenéis el videoclip.

A continuación, aparece ‘Circus’. Arranca con el bajo dibujando un fraseo sobre un colchón de fondo. Durante toda la canción, que es puro vodevil, se entremezclan las voces habladas de un payaso terrorífico con las cantadas. El efecto es de estar dentro de una pesadilla, en un espectáculo disonante. La receta está en la letra: «15% estúpido, un poco de ignorancia, tres onzas de miedo, cinco cucharadas de envidia, una pizca de frustración, un litro de rabia y ¡Eureka! ¡Ya lo tenemos!». Quiero destacar la parte instrumental, con un trabajo rítmico soberbio y unas guitarras espectaculares. Una canción que no da tregua y que representa por encima del resto de canciones esa parte psicodélica de la banda que tan peculiar la hace.

Luego viene ‘Stasis’, que comienza siendo un tema metal prog con un riff magnífico. Sara aquí se pone más lírica con la voz. Hay que insistir en que la mayoría de las melodías no son facilonas, no son para todos, huyen de lo ya trillado y no serán del gusto de cualquiera. A mí me flipan. Para cuando has escuchado este tema, ya reconoces un estilo propio en la banda, una serie de «normas formales» que articulan su sonido.

A continuación nos encontramos con ‘Cosmos’, que comienza con guitarras en delay y la batería casi en modo tribal. Voy a poner la única mínima pega al disco, si es que se puede considerar tal cosa: a veces me encuentro con que los sonidos de fondo (y no hablo de esta canción en concreto, sino en general) se confunden con lo que me parece un exceso de reverb. Pero ¿qué sabré yo? Es sólo una cuestión de gustos. Sigo con ‘Cosmos’. Es un tema modernísimo, pero que muestra en mayor medida las influencias que subyacen en toda obra musical; veo más toques clásicos aquí y allá, pero que pasados por el tamiz de Floating Nest, parecen propios. Seguramente esto es otra «fumada» mía, pero esas guitarras que van dibujando figuras cuando el tema respira me recuerdan a los antes mencionados Karnivool. Por si acaso, es un piropo de los gordos 😊.

‘The Clock’, quinto tema, puede parecer que va a ser el más pausado de todos. Pues, de nuevo, no: le dura la calma menos de un minuto, porque explota en una canción que va a toda velocidad. Es posible que tenga los fragmentos a mayores y menores bpm de todo el disco, uno tras otro. La canción te trae y te lleva, te mece, y luego desemboca en un estribillo que, de nuevo, es pasión pura, un grito desgarrador. ¿Diría que es mi tema favorito del disco? Es posible.

El sexto y penúltimo tema es Selfdeception’, donde vuelven a empezar muy melódicos, incluso con un chelo preciosísimo dibujando un motivo melódico sobre el arpegio de guitarra. Cuando aparece la voz de Sara, todo me pide cerrar los ojos y dejarme ir, pero ¡ay amigo!, no es una banda para dormirse: te vuelven a despertar con su visión más dura del género. La batería y el bajo, que no he mencionado todo lo que se merecen, hacen aquí especialmente un trabajo espectacular (marcad bien las sílabas de la palabra).

Se cierra con ‘Absolute Zero’. Un disco de algo menos de cuarenta y cinco minutos divididos en estos siete bombazos. Aquí la voz va más distorsionada; procesar las voces con efectos es un recurso que ya han utilizado más veces durante el disco y les funciona muy bien, la verdad. Es otra canción teatral, impredecible como las demás, en la que puedes encontrar infinidad de ideas yuxtapuestas con un éxito que, a priori, parecería improbable.

Acabo ya. Sé que no he hecho justicia al disco, creedme que no es fácil con una música tan compleja. Si me he podido acercar un poco ha sido habiendo escuchado Blow Off Steam ocho o diez veces. No es un disco fácil, no es un trabajo que gustará a tu amiga, esa a la que le gusta el conejito malo, ni a tu tía, ni a tus compañeros del curro. Pero, amigo, amiga, si prestas atención, verás que es un pelotazo.

Puntuación: 9/10

Redacción por Álvaro Fernández


Floating Nest – Blow Off Steam (2026)

1-Re-Connection
2-Circus
3-Stasis
4-Cosmos
5-The Clock
6-Selfdeception
7-Absolute Zero

Enlaces:

https://astronomyrecordingmusic.bandcamp.com/album/blow-off-steam

https://floatingnest.band/

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