Redacción: Álvaro Fernández

A lo largo de mi vida, he ido descubriendo bandas de géneros variados. En la mayor parte de los casos fue un amigo quien me puso sobre la pista, como me ocurrió con ELO, Supertramp o Judas Priest allá por los ‘80 o más recientemente A.C.T o Arena. También he descubierto bandas a través de revistas musicales; aún recuerdo el shock que tuve al escuchar el Symbolic de Death después de comprarlo, impresionado por una entrevista a Chuck Schuldiner.

Y, por fin, están las bandas que me engancharon para el resto de mis días gracias a una escucha aleatoria, ya fuera en la radio o por cualquier otro medio. Eso me ocurrió con Riverside. En 2005 escuché por puro azar un tema que ha marcado mi vida: Conceiving You’. Su letra me conmovió y, años después, explicó mis sentimientos en un momento muy importante de mi vida, pero lo más trascendental fue el resto del disco que lo contenía. Compré todo lo que habían sacado esos polacos que empezaban a darse a conocer a nivel mundial y me enganché para toda mi vida. En el vasto y a menudo complejo mapa del rock progresivo contemporáneo, pocas bandas han logrado amalgamar la melancolía, la potencia metálica y la introspección emocional con la maestría de Riverside, y ese sonido conecta y resuena con algo muy profundo dentro de mí.

Los inicios y el ascenso al éxito

La génesis de Riverside se remonta al año 2001 cuando en Varsovia, la capital polaca, el bajista y vocalista Mariusz Duda se unió al guitarrista Piotr Grudziński, al batería Piotr Kozieradzki y al teclista Jacek Melnicki (sustituido poco después por Michał Łapaj). Lo que comenzó como una búsqueda de texturas atmosféricas influenciadas por Pink Floyd y Porcupine Tree, pronto mutó en algo más oscuro y personal.

Su ascenso fue meteórico dentro de la escena «prog». Su debut de 2003, Out of Myself, los colocó instantáneamente como unos de los herederos naturales del género. A ese trabajo siguió un EP con algún tema nuevo, variaciones y remezclas sobre temas anteriores (Voices in My Head – 2005). Más tarde, pero en el mismo 2005 lanzaron Second Life Syndrome, al que siguió Rapid Eye Movementen 2007. Hay también ediciones para fans, que por supuesto compré en su momento, pero no son relevantes para lo que nos ocupa.

Esos tres discos conforman una trilogía conceptual tanto lírica como sonora que llamaron Reality Dream. Cada uno de los discos contiene nueve canciones. El segundo disco comienza conAfter’ (después) y acaba con Before’ (antes), lo que aporta continuidad. La temática, introspectiva e intensa, es una metáfora sobre la salud mental.

Esos tres discos son progmetal con personalidad propia. Estábamos muy acostumbrados por aquel entonces a que ese género estaba basado en tíos ultra-virtuosos que eran capaces de tocar a toda leche, cambiando de ritmo cada tres por cuatro (chiste tonto de músico) y con voces propias del heavy metal. Nada que objetar, ojo: adoro a Queensrÿche, a Fates Warning, a Dream Theater, etc., pero estos tipos venidos de Europa del Este eran otra cosa. Las voces de Duda eran melódicas, su manera de tocar el bajo es única (personalmente me flipa su sonido), las guitarras eran pura expresividad (cuánto te echo de menos, Piotr), los teclados armaban el sonido de toda la banda con discreción y maestría y la batería… La batería estaba bien, sin más, mejor cuanto más duro fuese el pasaje que recorría la canción.

La segunda etapa: después de la trilogía

En cualquier otra banda, después de sacar obra maestra tras obra maestra (porque los tres discos lo son), el cuarto trabajo habría sido inferior. Pues no. En 2009 se sacan de la chistera el soberbio Anno Domini High Definition, una auténtica barbaridad en la que nos hablan de los tiempos que corrían, en su visión tan basados en la prisa y la ausencia de reflexión.

La banda detuvo el lanzamiento de más trabajos durante cuatro años. Hoy está claro que se produjo ahí una primera crisis, pero en esa época no trascendió (al menos yo no tuve noticia). En 2013 se produce su primer giro musical, ya que bajan la intensidad desde ese sonido metálico hacia uno más rockero. Al mismo tiempo, dejan de ser endorsers de Mayones, unas guitarras polacas de alta gama muy enfocadas a la música prog y metal, y empiezan a aparecer con bajos y guitarras de luthier o de marcas convencionales. Todo ello provocó que me costase un par de escuchas entender Shrine of New Generation Slaves, aunque a día de hoy lo disfruto muchísimo. Eh, que Âscent debutamos tocando un cover de una canción de ese disco… En 2015 lanzaron Love, Fear and the Time Machine, en cierto modo continuista, pero quizás podría decirse que más «popero y ochentero» que el anterior. No es mi disco favorito, la verdad.

El drama y el principio del fin

A ese trabajo, además, lo siguió algo horrible: el 21 de febrero de 2016 Piotr, que tenía solo 40 años, falleció de forma repentina en su casa de Varsovia. Lo que hizo que el impacto fuera aún mayor fue la total falta de señales previas. Apenas unas horas antes, la noche del 20 de febrero, Piotr había asistido a un concierto de la banda The Winery Dogs en la capital polaca. Según amigos y conocidos que estuvieron con él esa noche, se encontraba de excelente humor, con energía y haciendo planes de futuro, pero a la mañana siguiente sufrió un paro cardíaco súbito. A pesar de los esfuerzos de los servicios de emergencia, no se pudo hacer nada por su vida.

La banda quedó paralizada. En ese momento, Riverside se encontraba en la cima de su carrera, pero la ausencia de Grudziński (además amigo íntimo de Duda) parecía insuperable. Piotr no era solo el guitarrista; era el «sonido» melancólico y atmosférico que definía a Riverside. Su estilo, influenciado por David Gilmour, aportaba la luz necesaria a las oscuras composiciones de Duda.

Suspendieron actividades y, como parte del proceso de duelo, la banda decidió lanzar a finales de 2016 un álbum recopilatorio de piezas ambientales e instrumentales titulado Eye of the Soundscape. Este disco incluyó las últimas grabaciones de Grudziński y sirvió como un epitafio sonoro, permitiendo a los fans y a la banda despedirse de su estética original antes de avanzar hacia una nueva etapa.

Tercera etapa: falsa normalidad y ¿el final de Riverside?

Tras un año de parálisis decidieron que Riverside debía continuar para honrar su memoria. Sin embargo, tomaron una decisión ética muy respetada: no buscaron un sustituto inmediato. Durante la gira de aniversario y la grabación de su siguiente disco, contaron con músicos invitados y amigos (como Maciej Meller, quien finalmente se uniría como miembro oficial años después), pero manteniendo siempre un espacio simbólico para Piotr. Mariusz Duda le ha recordado en todos y cada uno de los conciertos de la banda desde entonces. La última vez que pude verlos fue en la gira del disco que siguió; al bajista se le quebró la voz, a mí se me saltaban las lágrimas. Debo decir que Piotr Grudziński es uno de los guitarristas que más me han influido, o a los que más he querido parecerme (sin éxito, claro).

Como decía, sacaron un nuevo disco en 2018 como trío. Fue el excelente Wasteland, que no terminaba de regresar a esa etapa metalera, pero que tampoco se quedaba en la más rockera, sino que aportaba una nueva capa de melancolía en ese mundo apocalíptico que describía, que estoy bastante seguro es una representación de la mente de Duda.

Tras la gira, Maciej Meller (excelente guitarrista, muy recomendable su disco en solitario) se une como cuarto miembro de la banda. En 2023 nos sorprendieron con ID.Entity, un trabajo autoconsciente que cuestiona la identidad de la banda en el mundo digital actual, recuperando sonidos de sintetizador más prominentes y una crítica social mordaz y, en ocasiones, sonidos más propios del synth-pop de los ’80, para sorpresa de muchos y deleite de la mayoría. Un disco magnífico, pero un canto de cisne, ya que en este 2026 hemos sabido que Mariusz Duda ha decidido dejar la banda, seguido por Meller. Fuentes cercanas y declaraciones del propio músico sugieren un agotamiento creativo dentro del formato de Riverside. Duda ha expresado en diversas ocasiones su necesidad de libertad absoluta, algo que ha saboreado con el éxito crítico de Lunatic Soul y sus trabajos de electrónica minimalista bajo su propio nombre.

La salida de Duda —quien no solo es el cantante y bajista, sino el principal compositor y letrista— debería suponer, de facto, la disolución de Riverside, ya que sin su voz característica y su visión conceptual, el grupo perdería su identidad fundamental. Aunque no ha habido un comunicado de «disolución definitiva» con fecha de caducidad, la sensación general es que la banda está viviendo sus últimos instantes.

Si este es efectivamente el final, Riverside se marchará dejando un legado impecable: haber demostrado que el rock progresivo no tiene por qué ser un ejercicio de ego técnico, sino un vehículo para desnudarse el alma. Y desde aquí, el agradecimiento eterno de este humilde escritor por discos tan maravillosos.

Deja un comentario

Nuestras reviews

Algo ha ido mal. Por favor, recarga la página y/o inténtalo de nuevo.

error: Content is protected !!

Descubre más desde KTDA

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más de KTDA

Seguir leyendo